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La falta de medidas antirruido junto al AVE irrita a municipios catalanes

Algunas casas y escuelas ubicadas a menos de 25 metros de las vías carecen de protección. Muchos tramos de pantallas acústicas prometidos por Adif a los consistorios aún no se han colocado

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20/02/2010
Para los pasajeros del AVE entre Barcelona y Madrid, los pueblos, las casas y las vacas pasan en un abrir y cerrar los ojos. Para ese entorno de gente llana, de viviendas a veces pegadas a la vía, el tren se ha convertido en un acompañante fugaz pero bastante molesto, ruidoso e insistente desde que hace dos años despegó la alta velocidad entre ambas capitales. El tren ha abierto heridas, muchas de las cuales siguen sin cicatrizar en municipios como Vilafranca del Penedès, L’Arboç y El Vendrell, entre otros. En ayuntamientos de localidades por donde pasa la línea se acumulan las quejas, sobre todo por exceso de ruido y vibraciones y, en menor medida, porque no se han arreglado caminos que se utilizaron y destrozaron durante las interminables obras o porque siguen sin pagarse las indemnizaciones. Que en muchos lugares haya cambiado el paisaje drásticamente, con vistas a taludes y viaductos donde antes había praderas y colinas, ya lo tienen asumido los habitantes. Pero piden medidas. Contra el ruido.

55 CONVOYES DIARIOS
Para evaluar y, si es necesario, reducir las molestias provocadas por los hasta 55 convoyes de alta velocidad que atraviesan cada día Catalunya (un total de 18.802 en un año, sin contar los otros tipos de trenes que usan la vía del AVE), el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) ha enviado en los últimos meses técnicos a puntos conflictivos para medir el ruido y las vibraciones. Además, a veces los propios municipios encargan este tipo de pruebas a organismos independientes, para acudir después a Adif y reclamar mejoras, casi siempre en forma de pantallas acústicas para amortiguar el ruido que hasta unos 50 metros de la vía resulta excesivo, superando el umbral de decibelios que establece la ley.

Sin embargo, la mayoría de estas reparaciones –algunas ya prometidas por Adif– aún no se han llevado a cabo, como constató EL PERIÓDICO en un recorrido a lo largo de la vía del tren por buena parte de Catalunya. El caso más conocido es el de Vilafranca del Penedès, donde el litigio con Adif sobre el cubrimiento de las vías en el sur del municipio sigue sin solucionarse. Pero hay más.

En el cercano L’Arboç (Baix Penedès), ni el instituto de secundaria ni la barriada de Puigmoltó, ambos a solo 25 metros de los raíles, tienen protección acústica. «Llevamos dos años reclamándolo, se han hecho estudios sobre el ruido y hay un compromiso de Adif de solucionarlo, pero hasta hora no se ha hecho nada», dicen desde la alcaldía de L’Arboç.

VIBRACIONES DEL VIADUCTO
En El Vendrell (Baix Penedès) hay pantallas acústicas, si bien estas no libran al barrio de Molins del ruido ni de las vibraciones, que son mayores al pasar el tren por un largo puente. «Pero mejor ese viaducto que un talud, que era el plan inicial y que habría cortado la calle por completo», dice Pilar, una vecina que tiene el AVE a 15 metros de su jardín. Denuncia que la casa (al igual que algunas de Vilafranca) tiene grietas. «Según las pruebas, el ruido es demasiado, pero las vibraciones no; pero tiemblan los cristales al pasar el AVE».

El suelo le vibra también a Gloria, una vecina de El Prat cuyo jardín –reducido a la mitad por Adif– se encuentra casi encima del túnel del AVE. Sus vecinos del restaurante Casa Alcaide, que tuvo que cerrar 18 meses por las obras del tren, han llevado al gestor de infraestructuras ante el juez por no haber recibido aún la indemnización.

«En función de la velocidad, unos trenes hacen más ruido que otros», explica Eugeni Romero, vecino de Can Batista, una pedanía de Subirats (Alt Penedès) que duerme con las ventanas cerradas para que no le despierte el primer AVE, que pasa poco después de las seis de la mañana. Él apela al mismo consuelo que muchos vecinos del AVE: «Al final, te acostumbras».

El tren pasa en 2,5 segundos
Solo hace falta colocarse una vez bastante cerca de la vía para descubrir qué es lo que molesta a quienes tienen el AVE casi en su jardín o ante las ventanas de casa. En medio del silencio total, en un paraje solitario del Alt Camp, a un kilómetro de Alcover por la carretera TV-7221, comienza a surgir desde lejos un rugido inquietante. La tierra tiembla ligeramente mientras que aquel rugido se hace cada vez más fuerte.

De repente, casi desde la nada, aparece el tren, un AVE de Madrid en dirección a Barcelona. Cuando va a una velocidad de 300 kilómetros por hora, el convoy, de 200 metros de largo, pasa en apenas 2,5 segundos. Es un flas sobrecogedor. Después, el temblor cesa y el ruido se aleja tan rápido como llegó. Y así, 55 veces al día.
Fuente: El Periodico de Catalunya
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