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A mi padre, de 82 años, lo arrolló un ciclista, el 14 de marzo, en el cruce de la Diagonal con la calle de Pau Claris. Mi padre iba deprisa para coger el autobús cuando una bicicleta lo embistió y lo tiró al suelo. No sufrió heridas graves, pero lo que le dolió fue que la ciclista, una chica joven, le increpara por no haberla visto y esquivado, cuando fue ella la que le dio por detrás. Es posible que para acceder a la parada del autobús mi padre pisara el carril bici, cosa ineludible porque los malditos carriles están justo en el medio de las aceras y no queda más remedio que atreverse a pisarlos de vez en cuando para cruzarlos. Como había poca luz a esa hora --era casi de noche-- no se vieron el uno al otro, aunque ese no es el tema de mi carta, sino preguntar qué pasa en estos casos.
Sé que Bicing tiene un seguro que cubre incidentes. ¿Y el resto de ciclistas, los que van en bici propia, que pululan impunemente por la ciudad, sin respetar ni semáforos ni las más mínimas normas de circulación ni de civismo? ¿No sería lógico que, como vehículos que son, tuvieran la obligación de tener un seguro y una matrícula para poder identificarlos? ¿Acaso tienen solo derechos y ninguna responsabilidad? Ya es hora de poner un poco de orden. |