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El 14 de julio, sobre las 18 horas, prestaba servicio como conductor en la línea 22 cuando, al llegar a la terminal de la plaza Catalunya, noté un dolor de cabeza y una fuerte subida de tensión, lo que me llevó a perder la conciencia. Quedé tirado en el suelo hasta la llegada de la ambulancia.
Quiero agradecer la ayuda de gente anónima que se preocupó de que no me faltase nada, así como a los compañeros de la linea 22 y al Sr. Romera, C.E., de TB, por su presencia en el Clínic. También doy las gracias al equipo de la doctora Ana de Hollanda y al personal de la segunda planta. Un abrazo de todo corazón. El mundo necesita gente así. |