Manuel Villalante es el nuevo director general de Transportes Terrestres. Procede de Ferrocarrils de la Generalitat, donde ha sido director, y antes estuvo en Transportes Metropolitanos de Barcelona. Es profesor de Movilidad en la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).
Renfe no es suya, pero ¿le preocupan las averías?
Me preocupa en la medida en que afectan a Cataluña, al margen de quién sea el titular del servicio. Lo que ocurre en Renfe es fruto de un periodo en el que no se han producido las inversiones necesarias en renovación y modernización, y también de las obras del AVE. Todo hace pensar que faltan unos meses hasta que el plan de choque del ministerio se note. Pero preocupa también que, más a medio plazo, esto genere una cierta desconfianza hacia el transporte público.
Estos problemas aumentan el colapso en los accesos a Barcelona porque el sistema de superficie no funciona.
Tenemos que tomarnos tan en serio los autobuses como el transporte ferroviario, porque son dos cosas que van íntimamente ligadas. El futuro de los desplazamientos pasa por la intermodalidad. No todo el transporte público tiene que ser ferroviario. Pero sí que todo el transporte público tiene que ser debidamente coordinado.
Los sindicatos y la patronal dicen que las últimas averías de Renfe afectan ya su capacidad productiva.
Sí, porque muchas de ellas se han producido en hora punta y en itinerarios donde la movilidad obligada, cotidiana, laboral o como se le quiera llamar es claramente prioritaria.
¿Tiene proyecto global el Gobierno de la Generalitat?
Tenemos las directrices de movilidad, el plan de infraestructuras del transporte que se aprobó el pasado verano. Ahora estamos trabajando en el plan de servicios de carretera. Lo que entendemos que falta es un plan de cercanías.
¿Basta con eso para que funcione el transporte público?
Tienen que darse tres cosas: inteligencia, dinero y una política de restricción del coche. Porque hay un momento determinado en que, aunque tuviéramos las mejores líneas de tren y los mejores autobuses del mundo, si no tenemos una política clara de movilidad, de restringir el uso del coche, nada funcionaría.
Fuente: El Pais.es