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Conocidos los referentes históricos -15 días de huelga en el 2009-, la renegociación del convenio colectivo de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) va camino de escribir nuevos capítulos de movilizaciones sindicales que acaban con el metro y el bus a medio gas, sino parados del todo. La plantilla protagonizó ayer una doble manifestación, en sesiones de mañana y tarde para que pudieran asistir los dos turnos, que acabaron con una amenaza que erizará el vello de ayuntamiento y Generalitat: si no se atienden sus reivindicaciones, convocarán huelga para los días que dure el World Congress Mobile, del 27 de febrero al 1 de marzo. Esta medida de fuerza, sin embargo, todavía debe pasar el filtro de los comités de empresa.
Por el momento no es más que una advertencia, una carta lanzada donde más duele -metro y bus van de la mano por primera vez en muchos años- para presionar a la dirección, que en la última reunión se levantó de la mesa. Aquí, sin embargo, las versiones de los hechos parecen hablar de realidades distintas. Mientras los trabajadores exigían ayer la dimisión de toda la cúpula, a la que acusan de «malversar fondos», de tener «sueldos excesivos» y de llevar la compañía «a la ruina», los gestores optaban por la moderación, valoraban que la protesta, en la que participaron unas 2.000 personas, no afectó al servicio de transporte público de la ciudad y aseguraban que siguen dispuestos a negociar y, como mucho, «congelar los sueldos durante el 2012», algo que viene respaldado por un decreto ley aprobado por el Gobierno central el 31 de diciembre y por una norma autonómica.
HUEVOS CONTRA LA GUARDIA URBANA
Las posturas están demasiado alejadas. De ahí la amenaza de paro que tiene el apoyo de parte de los sindicatos (CGT, PSA y ACTUB) que ayer llevaron la voz cantante de una protesta que finalizó en Sant Jaume con lanzamiento de huevos a los agentes de la Guardia Urbana que custodiaban el ayuntamiento. A pesar de que muchos daban por segura la huelga durante la feria del móvil, el presidente del comité de empresa de los trabajadores de metro, Pere Ramon, explicó que la decisión final se tomará en la asamblea que pretenden celebrar la semana que viene.
Más allá de los recortes que, según la plantilla, la empresa les quiere imponer, la manifestación también sirvió para exhibir el descontento ante el aumento de tarifas. «En ningún caso se puede obligar al usuario a pagar la mala gestión», aseguraba un delegado sindical. De este malestar nace la demanda de que TMB presente «los números reales» de la compañía, pues según denuncian, el personal fuera de convenio «se embolsa 25 millones de euros», algo que un portavoz del operador negó de manera categórica.
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