"Es un tormento, sobre todo cuando vas con un poco de prisa, parece que nunca se acaba, desde una punta casi no se ve la otra". Así describe Miguel Sánchez el pasillo que enlaza las líneas 2, 3 y 4 del metro y la estación de tren bajo el paseo de Gràcia. Una opinión formada, puesto que este joven hace el citado trasbordo dos veces al día, de buena mañana para ir a la oficina y a media tarde, cuando regresa a casa. Aurora Humet añade otro problema, el que más le preocupa: "Es demasiado largo y estrecho, te sientes insegura, sobre todo cuando hay poca gente". Ella lo sabe bien porque hay noches que pasa por allí después de las once, cuando sale del bar en el que trabaja. Estos déficits, que han convertido esta conexión en la más odiada por los barceloneses, van camino de desaparecer.
La Generalitat se ha planteado anularla y construir una totalmente nueva, un poco más corta -la actual ronda los 300 metros de longitud-, pero, lo más importante, más del doble de ancha y con tapices deslizantes en ambos sentidos de la marcha, que ahorrarán tiempo y mejorarán la sensación de seguridad. El objetivo es que el enlace pase de ser el más criticado de la ciudad a ser uno de los más cómodos al tiempo que pueda ser accesible para las personas que se desplazan en sillas de ruedas o que llevan cochecitos de bebé.
Más rápido, más cómodo y más seguro
El estudio informativo de esta intervención está en su última fase de elaboración -la Conselleria de Medi Ambient tiene que presentar una evaluación- y estará listo a finales de año o principios del próximo, según las previsiones de Política Territorial i Obres Públiques. Tras el preceptivo mes de exposición pública, se redactará el proyecto constructivo, que requerirá un año. Así, como muy pronto, las obras podrían licitarse a mediados del 2010.
La duración de los trabajos está por determinar puesto que se trata de una intervención muy compleja que deberá ejecutarse por fases. Por el momento, se prevén tres, que tendrán una duración superior a los dos años e importantes afectaciones, sobre todo en superficie. GISA, la empresa de la Generalitat responsable de la actuación, todavía no ha fijado un presupuesto, aunque algunas estimaciones apuntan a que, debido a su envergadura, la inversión necesaria superará a la del intercambiador de Diagonal, actualmente en la última fase de obras -debe estar listo la próxima primavera- y que ha costado 44,2 millones de euros.
Fuente: La Vanguardia