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Los trenes de Rodalies, al cerrar sus puertas, emiten el característico aviso acústico. Pero el pitido no solo lo escuchan los viajeros, sino también todos los vecinos que a las seis de la mañana y las once de la noche, por ejemplo, descansan en sus casas.
Parece una exageración y una rabieta, pero los pitidos de los trenes de Renfe se oyen a cientos de metros, como todos los vecinos cercanos a la estación de L’Hospitalet podemos asegurar. ¿Costaría mucho adecuar el volumen de la señal al uso lógico y normal de su función? ¿Se podría acercar algún responsable de Rodalies a esta estación y oír lo que los vecinos tenemos que aguantar cada pocos minutos durante todo el día? Las mejoras en el servicio de Rodalies no se acaban con pintar de naranja los trenes. |