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Que decida el pueblo. Ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo con sindicatos y organizaciones para revitalizar el sector, el Instituto Metropolitano del Taxi (IMT) ha llegado a la conclusión de que la única manera de avanzar, de tener algo en común que no provoque recelo en casa de nadie, es organizar un referendo en el que los cerca de 13.000 taxistas de Barcelona se mojen y decidan. Será una consulta no vinculante «pero sí tenida muy en cuenta en el futuro», confirmaba ayer el gerente del IMT, Miguel Ángel Martín.
El martes había pacto. O prepacto, como gusten. El caso es que las organizaciones que componían la plataforma por un taxi rentable habían aceptado los dos días más de fiesta al mes que les ofreció el concejal de Movilidad, Francesc Narváez, como solución para quitar coches de la calle ante el bajón de la demanda, cifrado en un 40% en solo dos años. Al salir de la reunión, no obstante, apareció el fantasma de la división, ese mal endémico que tantos palos en las ruedas ha puesto al avance del taxi en la capital catalana. Luis Berbel, presidente del Sindicato del Taxi de Catalunya (Stac), explicaba ayer que la «disparidad de opiniones ha provocado la convocatoria de esta consulta», que corre el riesgo de provocar mayor discordia. «Lo que no puede ser es que no se haga nada, debemos hacer algo y debemos hacerlo con rapidez», sentenció.
Martín confirmó que el referendo se realizará la semana que viene en las oficinas del IMT. Las opciones a elegir aún no están decididas, aunque el gerente del instituto regulador adelantó que una de las alternativas será dejar las cosas tal y como están. Para que el resultado sea significativo, la Administración considera que deberían acudir a votar un mínimo de 4.000 conductores, cerca del 30% de los 13.000 titulares de licencia y asalariados que patrullan la ciudad con un taxi propio o ajeno.
NO A LAS «MIGAJAS»
Ignacio Portalo, presidente de la Cooperativa Radio-Taxi Metropolitano, se huele una encerrona en la decisión del IMT de preguntar a los taxistas. «Saldrá no hacer nada porque hay mucha gente a la que este sistema de sobreexplotación ya la va bien. Son empresarios con varias licencias que tienen taxis circulando las 24 horas del día con inmigrantes a los que explotan laboralmente», compartía Portalo, contrario a aceptar «las migajas» que ofrece la Administración. Esas migajas a las que se refiere son la propuesta final que el martes no acabó de cuajar, esos dos días más de fiesta al mes que reducirían la flota de 8.500 taxis circulando en 1.000 vehículos al día. Portalo consideró «insuficiente» la propuesta y cifró en 2.000 el número mínimo de coches que deberían dejar de circular para que el colectivo pueda respirar. Berbel, en cambio, argumentó que, a pesar de estar «lejos de lo que se había reclamado», era un «principio para lograr objetivos más ambiciosos».
El ambiente queda ahora algo enrarecido, con el IMT preparando un referendo no vinculante, con un sector que parecía caminar en la misma dirección y que vuelve a estar dividido y con 13.000 taxistas que no ven nada claro su futuro.
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